De fiesta con la chavalería
Ian S. | 17/07/2010
Los chavales son así, los gorrillas son asá. Se comenta. Se critica. Se lloriquea. "No tienen cultura", "no saben estar", "matan a la escena"... Ya saben ustedes: mucho bla, bla, bla...
Primer capítulo: Reeko all night long. Narraciones llenas de alevosía. La contundencia habitual del reekado. Ritmo más Humano. Más lascivo. Que hipnotiza y confunde. Una bella bailarina en una noche de verano. Baila para ti. Hace calor, humedad. De pronto despiertas en otro sitio. Sin cartera. Luego pasan otras cosas. Puede tocarte un viaje al Caribe. Quizás tengas habitación reservada en el psiquiátrico. ¿Quién sabe? Reeko sabe.
Él diseñó los planos. No esperes que se pierda. La vida sigue. La sesión también. Como un río. El Albéniz lleno a reventar de chavalería. A duras y maduras. A minutos de introducciones y nexos. A momentos de elegancia que se balancea del electro al techno Detroit. Al bombo también.
Segundo capitulo: "Sold out" de la Lovejoy. Centenares quedan fuera del Jardín. Antes de las doce ya están vendidas todas las entradas. Fuera cunde el clima polar. Dentro Mulero cabalga con elegancia, sin cortarse de pisar a fondo en las primeras curvas. A media sesión, en pleno éxtasis colectivo, sospecho que vamos demasiado rápido para el siguiente circuito. Duda injusta. Estamos en manos profesionales. La noche coge tonos espaciales, delicados, el relevo perfecto está listo. Mills toma la antorcha consciente de correr en una noche gélida. Su set mezcla sin problema objetivos dispares, como presentar temas de su reciente aterrizaje desde el espacio y mantener el calor en la pista. Miles de chavales en el público. Con Óscar. Siempre con Óscar. También en los minutos de ruiditos de Mills, en los que esperan pacientes, con el ansia en el cuerpo, "ahora lo suelta", "ahora viene". Y al final siempre el fuego sagrado nos salva de la muerte, de la congelación.
Por supuesto, en cuanto Sims pilló la tea organizó un incendio. ¡Good job Ben! Afuera esperaba la escarcha. Salieron como querían y merecían. Calientes. Exhaustos. Felices.
Comentarios a dos conciertos escritos para Mondo Sonoro Asturias, edición marzo 2010.